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Fabricar un enemigo: Manual del uribismo contra Iván Cepeda

El ataque ya empezó. Quieren convertir a Iván Cepeda en lo que no es, atarlo a una sigla útil para el miedo y borrar los hechos. Escribo desde la verificación, no desde el odio. Cuando el marketing reemplaza a la política, la verdad se reduce a etiquetas. Aquí pongo fechas, fallos y nombres para desmontar el libreto.

“El pueblo es superior a sus dirigentes”, dejó dicho Jorge Eliécer Gaitán. Conviene recordarlo cuando los nombres se intentan matar con rumores.

La derecha extrema desempolva su libreto

El libreto es simple, industrial, repetible. Elegir un enemigo útil, repetir su supuesta filiación criminal, mezclar recuerdos y miedos, pagar amplificación digital, sumar voces de columnistas dóciles y políticos con cuentas por cobrar. Convertir la duda en munición y la mentira en rutina. No buscan debatir ideas, buscan fabricar una caricatura.

En los últimos días subió el volumen de la descalificación contra Cepeda, justo después de su inscripción en la consulta del Pacto Histórico. No es casualidad. Cada avance jurídico o político que erosiona la vieja hegemonía activa la máquina del descrédito. Es un reflejo condicionado. Aprietan un botón y salen titulares repetidos como estampitas.

No es un secreto quiénes empujan el encuadre. Voces con micrófono fijo y pauta generosa. Un ecosistema mediático capturado por conglomerados financieros donde la propiedad define agendas y silencios. Importa saber quién paga el edificio desde el que nos hablan.

Cronología básica y hechos duros

Nueve de agosto de 1994. Asesinan a Manuel Cepeda Vargas, senador de la Unión Patriótica. El Estado colombiano termina condenado por su crimen. La estigmatización abrió la puerta del asesinato. El hijo pidió justicia, no venganza. Ese día fijó un tono que ha mantenido durante décadas.

Año 2012. Álvaro Uribe denuncia a Iván Cepeda. La Corte Suprema archiva contra el senador y abre investigación contra el expresidente. El búmeran regresa a la mano que lo lanzó. No es literatura, es procedimiento.

Año 2025. Un juzgado declara culpable a Uribe por soborno a testigos y fraude procesal en primera instancia. Días después un tribunal levanta la detención domiciliaria mientras corre la apelación. Blanco y negro. Un expediente en curso, con términos y recursos. Nada de epopeyas.

Mientras tanto, Cepeda construye una línea de trabajo reconocible. Defensa de derechos humanos. Comparecencias en comisiones. Seguimiento a parapolítica. Acompañamiento a procesos de paz. No hay épica ruidosa, hay método. Un político que hizo del archivo una forma de coraje.

Qué significa poner a Cepeda junto a las FARC

El engaño es semántico. Dicen FARC para nombrar cualquier cosa. La guerrilla firmó, se desarmó y dejó una fuerza legal llamada Comunes. Lo que queda en la selva son disidencias traqueteras que pelean con el Estado y con todo lo que se interponga en su negocio. Hacer equivalencias sirve para atizar miedos, no para entender el mapa real de la violencia.

En ese contexto vincular a Cepeda con un supuesto brazo político que ya no existe en esos términos no es un error, es una táctica. Es más fácil vender pólvora que explicar una mesa de negociación. Es más rentable prometer plomo con treinta escoltas y camionetas blindadas que desmontar una estructura armada sin cámaras ni épica.

Una fotografía con excombatientes en una mesa de diálogo no es prueba de complicidad. Es registro de una política pública que salva vidas. Hacer la guerra es fácil cuando la libran los hijos de otros. Hacer la paz exige aguante y precisión, también aburrimiento administrativo.

El búmeran jurídico del uribismo

Se intentó convertir a Cepeda en delincuente con el expediente de siempre. Testigos moldeables, cartas dictadas en prisión, audios que cambian de dueño. La maniobra se derrumbó en tribunales. Ese derrumbe explica la furia que hoy rebota en redes y prime time. El héroe de cartón necesita un villano estable. Cuando el villano no aparece, se fabrica.

El detalle ofende a quienes apostaron todo a la narrativa del enemigo útil. La justicia no construye mitos. Levanta actas. Cuando funciona, aunque sea tarde y con tropiezos, la propaganda se vuelve histérica.

Funcionarios en campaña, frontera legal

No solo son platós y columnas. También hay funcionarios que olvidan la ley y se lanzan a la arena con el uniforme aún puesto. La participación en política de servidores públicos tiene reglas claras. La estigmatización de un precandidato no es un desliz inocente, es un riesgo real en un país con periodistas asesinados y líderes sociales baleados. Cada etiqueta irresponsable puede convertirse en amenaza.

Anatomía de una mentira viral

La cadena es conocida. Un trino con acusación genérica. Una imagen trucada. Un medio que amplifica sin contraste. Una pauta segmentada que multiplica la pieza en nichos diseñados para el odio. Influenciadores que repiten el libreto con mínimas variaciones. Minutos después ya no importa el origen. La mentira vive sola.

Desmontar requiere más trabajo que construir. Fechas, voces, verificación cruzada. Cadena de custodia para archivos. Metadatos conservados. Chequeos contra documentos públicos. Perfiles de los emisores. Flujos de pauta. El mapa que aparece no es ideológico, es financiero. La mentira tiene promotores con presupuesto y objetivos medibles.

“La historia es un profeta con la mirada vuelta hacia atrás”, escribió Eduardo Galeano. En Colombia esa profecía duele, pero ilumina.

El espejo sucio

La extrema derecha intenta fijar una foto. Cepeda como jefe político de la guerra ajena, como heredero de un crimen que no cometió, como avatar del enemigo perfecto. Basta revisar la hemeroteca para ver quién posó sonriendo con comandantes paramilitares, quién les abrió micrófonos, quién publicó editoriales alineadas con ese discurso, según testimonios judiciales conocidos. La memoria, cuando existe, desarma imposturas. La amnesia es un negocio.

La candidatura que no nació en un club

No es un outsider improvisado ni un gritón de tarima. Es un defensor de derechos humanos que blindó su biografía en los hechos, no en el eslogan. La novedad es que la candidatura no parece parida en un club. Nace desde abajo, con bases que exigen continuidad a una agenda de paz con justicia. En un país capturado por la política de notaría, ese detalle tiene importancia.

Ética del dato y seguridad de fuentes

Este trabajo no se hace a cualquier precio. No expondré dato personal sensible que no sea estrictamente necesario. Eliminaré direcciones exactas cuando no aporten al interés público inmediato. Protegeré la identidad de fuentes en riesgo, reemplazando su aporte con documento verificable de acceso abierto. Mantendré una cadena de custodia para archivos, con sellado temporal, checksum y bitácora de modificaciones. El resultado será una carpeta que un lector exigente pueda auditar sin pedir permiso.

Metodología operativa. Captura de evidencias con duplicado inmutable. Conservación de originales en repositorio fuera de línea. Hash verificado después de cada transferencia. Registro de contexto para cada prueba. Copia espejo en dispositivo cifrado. Verificación cruzada con al menos dos fuentes independientes cuando el riesgo lo exige. Separación entre opinión y hecho documentado. Cuando algo no esté confirmado se marcará como disputa, no como verdad. Transparencia de criterios para rectificar cuando corresponda.

Qué está en juego en 2026

No se discute solo un nombre. Se discute si la paz seguirá como política de Estado o si volverá la doctrina de bala y estadísticas. Se discute si la justicia puede tocar a los intocables o si regresa la alfombra roja para los jefes de la violencia. Se discute si la prensa que vive de pauta bancaria seguirá dictando la conversación nacional o si la ciudadanía recupera el derecho a comprender sin intermediarios interesados.

El país real no cabe en un eslogan. Campesinos a quienes les cambiaron la frontera con fusiles. Madres de barrios periféricos que entierran a sus hijos mientras los opinadores beben en terrazas. Jóvenes que ya no aceptan la pedagogía del miedo. Funcionarios que trabajan en silencio. La reconstrucción no tiene glamour. Tiene planillas, horarios, protocolos, audiencias públicas.

Llamado cívico y protocolo contra el odio

Verifica antes de compartir. Desconfía de montajes que aparecen justo cuando hay anuncios sensibles. Pregunta quién se beneficia. Exige a los medios publicar rectificaciones con el mismo despliegue que las falsas primicias. Señala a los funcionarios que trinan contra candidatos en horario laboral. Documenta todo. Guarda capturas con fecha. Comparte por canales seguros cuando haya riesgo. El silencio también mata, pero la imprudencia ayuda al verdugo.

Notas de hecho verificables

El Estado colombiano fue condenado por el asesinato de Manuel Cepeda Vargas. Los términos del caso Uribe están en curso con una condena en primera instancia y recursos activos. La antigua guerrilla culminó dejación de armas y su expresión política legal se llama Comunes. Las disidencias que hoy operan no convierten el proceso de paz en una farsa. Convertir a la víctima en responsable de los crímenes de terceros es una manipulación que ya conocemos. La participación en política de servidores públicos tiene límites definidos en la ley. La estigmatización de un precandidato puede traducirse en riesgo físico real. Las restricciones a la participación en política de servidores públicos están fijadas en la normativa vigente y su incumplimiento puede acarrear sanciones disciplinarias.

La paz no es una consigna bonita. Es una política pública que salva vidas. A veces la historia se reduce a eso. Elegir entre pólvora o instituciones. Elegir entre propaganda o archivo. Yo elijo lo segundo…

“Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”, recordó Galeano. A veces basta con no repetir la mentira.

G.S.

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