FREDY CALVACHE, MEMORIA DEL CAUCA QUE MURIÓ EN SUIZA LEJOS DE CASA
Murió en Zúrich el 29 de agosto de 2025. No hay muerte neutra cuando un reportero cae en exilio y hospital. Fredy Calvache, voz obstinada del Cauca, pidió volver para despedirse y la oncóloga negó el vuelo por riesgo clínico. La Cancillería gestionó tiquetes para su familia, el tiempo no alcanzó y la confirmación pública llegó por la vía más cruda de esta época, un mensaje del presidente y la repetición de redacciones que solo coinciden frente a la muerte. Quedan sus caminos, las preguntas que abren y la obligación de ordenar lo ocurrido sin concesiones.
QUIÉN FUE
Durante más de veinticinco años, Fredy Calvache fue el corresponsal que sostuvo una ventana estable hacia el suroccidente andino. Cubrió el conflicto, los paros y los silencios impuestos por rifle y miedo, narró emergencias que partieron en dos la vida de pueblos enteros y devolvió a la pantalla voces que suelen quedarse en la cuneta. Su nombre quedó ligado a Cauca y a Noticias Caracol por una razón sencilla, la constancia. En 2023 decidió exiliarse por amenazas, decisión que convierte cualquier biografía en un expediente de riesgos y trámites. Nadie se exilia por capricho, uno se va cuando quedarse equivale a firmar la sentencia.
TRAYECTORIA Y TERRITORIO
Su trabajo es inseparable del mapa del Cauca. Municipios de montaña, valles atravesados por la Panamericana, resguardos indígenas, zonas de cosecha y de control armado, un tablero móvil donde el reportero aprende a leer la topografía del miedo y a distinguir el rumor útil del ruido interesado. La reportería de Fredy fue una práctica de presencia, llegar, permanecer, escuchar, dudar, volver a preguntar. La cámara como cuaderno, la calle como redacción, el retorno constante a las fuentes comunitarias que hacen posible verificar cuando el poder prefiere negar. Esa disciplina forjó confianza y produjo un archivo que, visto en conjunto, explica mejor que muchos informes la textura de la vida en el suroccidente.
En la vida de un reportero regional existe una economía invisible. Traslados pagados de su bolsillo, equipos que envejecen rápido, jornadas sin horario, precariedades administrativas que se toleran por oficio y terquedad. La permanencia de Fredy en pantalla no fue una concesión, fue el resultado de miles de piezas informativas que mantuvieron en pie la comprensión del país periférico para audiencias que, sin ese trabajo, solo verían titulares intermitentes.
COBERTURAS EMBLEMÁTICAS
Quedan registros de paros indígenas y campesinos que exigieron presencia estatal más allá del discurso, de atentados contra líderes comunitarios en el norte del departamento, de deslizamientos y emergencias invernales en la vía Panamericana que rompieron la logística del suroccidente durante semanas. Hay un hilo común en esos episodios, llegar primero sin espectacularidad, verificar con calma, poner la cámara donde suele ser incómodo y sostenerla el tiempo necesario para que la realidad se diga a sí misma. Ese método es, en sí, una ética.
BIOGRAFÍA BÁSICA
Nació en Santa Rosa, Cauca. Se formó como comunicador en universidades públicas de la región y construyó su carrera desde Popayán. Su especialidad fue el cubrimiento de orden público, asuntos comunitarios y emergencias sobre la Panamericana. Las referencias públicas no registran premios nacionales de alto perfil, sí una reputación sostenida de trabajo confiable en terreno y la memoria de colegas que lo describen como un profesional ecuánime, atento y difícil de intimidar.
AMENAZAS Y EXILIO
Las amenazas se acumularon con los años, en especial cuando la reportería tocó intereses armados y economías ilegales. En 2023 optó por el exilio en Suiza, una decisión que abre una segunda vida hecha de formularios, esperas, traducciones y mudanzas. El trámite de protección es lento y confuso para un periodista regional, no siempre hay acompañamiento jurídico adecuado y el retorno se vuelve una ilusión recurrente. El estatus jurídico exacto de su asilo no figura en documentos públicos abiertos y lo mantengo como no confirmado a la fecha.
EL EXILIO Y LA ENFERMEDAD
En 2024 llegó el diagnóstico que suena a veredicto, cáncer gástrico avanzado. Lo dijo en primera persona con la sobriedad de quien sabe que cada palabra pesa y que, a partir de entonces, toda gestión se mide contra el reloj biológico. No hubo tratamiento posible más allá del cuidado paliativo. La noticia activó una cadena frágil de apoyos, ruegos y trámites, colegas multiplicaron llamadas, la embajada se movió, el país se enteró a pedazos. Cada institución hizo lo que creyó posible y, sin embargo, el resultado fue el de tantas veces, demasiado poco y demasiado tarde.
GESTIONES DIPLOMÁTICAS
En agosto de 2025 pidió ayuda al presidente Gustavo Petro. Quería regresar a Popayán o, al menos, abrazar a los suyos. Se evaluó un avión ambulancia con costos que se movían entre quinientos y setecientos millones de pesos, una cifra inasumible para su entorno. La alternativa consistía en trasladar a la familia a Zúrich. La oncóloga no autorizó un vuelo comercial por riesgo clínico y el tiempo, de nuevo, fue el adversario principal. Se aprobaron tiquetes para familiares y no alcanzaron a viajar. El caso exhibe un vacío concreto, no existe un protocolo claro que articule, sin fricción, lo sanitario, lo migratorio y lo consular cuando el paciente es un periodista exiliado.
EL ÚLTIMO DÍA Y EL ABRAZO QUE NO LLEGÓ
La confirmación de su muerte en Zúrich llegó por los canales habituales de esta época, un mensaje presidencial y la sincronía de redacciones que suelen estar en desacuerdo. La distancia geográfica volvió íntimo el duelo y público el fracaso de un sistema que no sabe acompañar a sus reporteros cuando el exilio y el cáncer coinciden. Las escenas que no veremos, el abrazo pendiente, la despedida interrumpida, pesan más que cualquier protocolo firmado a destiempo.
VERSIÓN EN DISPUTA
Fredy contó que, tras negarse a volver por seguridad, su contrato con Caracol Televisión fue cancelado y que la empresa no aceptó su propuesta de trabajo remoto desde Suiza. Esa es su versión, ampliamente replicada y coherente con su situación. A la hora del cierre no hay una respuesta institucional con el mismo nivel de detalle. El punto permanece en disputa y este medio solicitará nuevamente comentario oficial.
CONTEXTO PAÍS
Colombia sigue siendo un país hostil para el periodismo regional. La FLIP registró en 2024 un número alto de agresiones y desplazamientos forzados, con especial presión sobre reporteros de territorio, lejos de Bogotá y de las garantías laborales de las capitales. El riesgo se concentra en coberturas de orden público, economías ilegales y denuncias contra autoridades locales. Nada de esto es retórica, es el telón de fondo que explica por qué un reportero como Fredy terminó tramitando su vida entre el miedo de siempre y la burocracia de emergencia.
CRONOLOGÍA MÍNIMA
- Años 90 y 2000, reportería en Cauca con episodios reiterados de amenaza ligados a coberturas de orden público.
- 2023, decisión de exilio en Suiza.
- julio de 2024, diagnóstico de cáncer gástrico avanzado.
- agosto de 2025, solicitud pública de ayuda para regresar o reunir a su familia.
- 29 de agosto de 2025, fallece en Zúrich.
LO QUE REPRESENTÓ Y LO QUE NOS ENSEÑA
No fue un héroe abstracto. Fue un profesional que apretó el trípode donde había plomo y abandono, que entendió que la noticia no siempre grita y que la paciencia es la forma mayor del coraje en el oficio. Su archivo demuestra que el periodismo regional sostiene la verdad de un país desigual y que las burocracias sanitarias y diplomáticas se mueven a una velocidad distinta a la del dolor. Ninguna redacción debería dejar solo a quien hizo de su cuerpo un puente con la realidad, ninguna empresa debería convertir la prudencia del exilio en un limbo laboral.
MEMORIA
«Recordar significa volver a pasar por el corazón».
– Eduardo Galeano –
LLAMADO
No alcanza con la condolencia ritual. Preferiría que, en un plazo razonable de sesenta días, Cancillería y Ministerio de Salud presenten un protocolo de emergencia para periodistas exiliados con diagnósticos graves, con rutas claras entre embajadas, EPS y hospitales, una tabla de responsabilidades por entidad, una línea de atención permanente y una ventanilla de urgencias migratorias. También propondría la creación de un fondo permanente con gobernanza independiente, auditoría anual y reportes públicos. A las cadenas y redacciones les solicitaría un compromiso mínimo de continuidad contractual, seguro médico y apoyo legal cuando la reportería en riesgo obligue al exilio. La dignidad no es un titular, es una cadena de decisiones.
EPÍLOGO
No fue un accidente ni un malentendido administrativo, fue la suma precisa de miedo, enfermedad y una burocracia sin músculo moral. Un país que presume libertad de prensa no puede seguir sin un sistema que acompañe a sus reporteros cuando el exilio y el cáncer se encuentran; la ausencia de ese sistema también mata.
Señalo responsabilidades con nombre de función, no de rumor. El Estado que improvisa y llega tarde, la Cancillería que opera como ventanilla de trámites y no como escudo, el Ministerio de Salud que aún no define rutas para pacientes en el exterior en condición de urgencia social, las embajadas que cambian de velocidad según el ruido mediático, las aseguradoras que niegan mientras pasa el reloj, el Congreso que mira a otra parte, la Fiscalía y la Procuraduría que administran silencios. Cada institución actuó dentro de su manual y ese manual produce huérfanos, viudas y colegas que entierran a los suyos sin abrazo.
A los grandes medios les corresponde más que un pésame. Directorios que blindan marcas pero no vidas, áreas legales que prefieren el riesgo cero sobre la dignidad de quien sostuvo la pantalla, anunciantes que financian relatos pero no cuidados. Si un periodista sale al exilio por cubrir lo que el medio le encargó, el medio debe acompañarlo hasta el final. Convertirlo en proveedor y abandonarlo después es una forma educada del despido moral.
Colombia externaliza el costo del periodismo regional y lo traslada a familias, amigos y colegas, ese modelo se llama precarización y fabrica silencio. Un país que castiga la palabra independiente paga con ignorancia y con muertos discretos, los que no entran en la parrilla de horario noble, los que se despiden en habitaciones sin cámara.
Sostengo que a Fredy no lo mató solo el cáncer, lo empujó una cadena de decisiones lentas, cobardes o mezquinas. Que se nombre esa cadena en voz alta y que se repare con hechos verificables, protocolos, presupuesto, contratos que no se rompen cuando el periodista cruza la frontera, líneas de emergencia que responden sin burocracia. Si no cambiamos esto, el próximo abrazo llegará otra vez cuando ya no haga falta…
G.S.