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Gaza: la flota de la dignidad y el eco de Normandía

Playas marcadas por cicatrices

No hay playa en Gaza que no esté marcada por cicatrices. Bajo la arena, restos de cuerpos, fragmentos de casas, pedazos de infancia. La comparación es inevitable: en Normandía, en 1944, los Aliados desembarcaron para liberar a Europa de la maquinaria nazi. Hoy, en 2025, una nueva flotilla internacional se dirige hacia Gaza con la obstinación de quienes saben que no habrá vuelta atrás. No llevan tanques ni artillería pesada, sino alimentos, medicinas y un manifiesto moral que incomoda a las potencias.

Amenazas y correlaciones de fuerza

Las autoridades israelíes ya han anunciado que impedirán su llegada “por todos los medios”. La frase resuena como una amenaza hueca y, al mismo tiempo, como una sentencia irrevocable. El derecho internacional, en su letra fría, es claro: el bloqueo naval de Gaza es ilegal. Lo ha dicho la ONU, lo han repetido juristas, lo han confirmado informes independientes. Pero el lenguaje del poder no se conjuga en legalidades, sino en correlaciones de fuerza.

Historia de violencia e impunidad

Desde 2010, cuando la primera Flotilla de la Libertad fue atacada y nueve activistas murieron en el Mavi Marmara, cada intento de romper el bloqueo ha sido respondido con violencia o secuestro. Israel detiene barcos en aguas internacionales, arresta a sus tripulantes, confisca la carga. La impunidad es meticulosa. Aquí no hay desembarco victorioso bajo fuegos artificiales; hay la repetición cansina de una injusticia legitimada por silencios cómplices.

Un pie descalzo en un campo minado

Eduardo Galeano escribió que “la justicia es como las serpientes: sólo muerde a los descalzos”. Gaza es un pie descalzo en medio de un campo minado. La comunidad internacional se complace en resoluciones sin dientes, en condenas tibias que se diluyen antes de llegar a puerto. Las ONG que participan en la flotilla lo saben, y sin embargo avanzan. Hay algo de suicida y de profundamente humano en su empeño.

Autodefensa como eufemismo

En la orilla contraria, Israel ensaya su retórica de siempre: “autodefensa”. Un término que, en este contexto, es un eufemismo para justificar el hambre, la enfermedad y la desesperación de más de dos millones de personas. Gaza es un laboratorio de control social y militar, donde cada entrada de medicinas, cada litro de combustible, cada gramo de harina se convierte en moneda política.

La última puerta cerrada

La analogía con Normandía no es un simple recurso retórico. Allí, el mar traía la promesa de un cambio irreversible. Aquí, el mar es la última puerta cerrada. En 1944, las tropas desembarcaban sabiendo que había un mundo dispuesto a sostener la reconstrucción. En 2025, los barcos que se acercan a Gaza saben que, incluso si logran romper el bloqueo, no habrá reconstrucción posible mientras el asedio siga en pie.

La paz y los que viven de la guerra

Gustavo Petro dijo alguna vez que “la paz no se negocia con quienes viven de la guerra”. En Gaza, la guerra no es un estado de excepción, es el estado natural impuesto desde hace más de quince años. Israel administra el bloqueo con la precisión de un contable. Cada permiso, cada autorización, cada excepción es un recordatorio de quién tiene la llave.

Un litoral exhausto

Las imágenes satelitales muestran un litoral exhausto. Barcos de pesca hundidos, muelles destruidos, franjas de arena inutilizables. Según datos de la ONU, el 97 % del agua en Gaza no es apta para el consumo humano. El desempleo supera el 45 %. Los hospitales, asfixiados por la falta de suministros, funcionan a base de improvisaciones quirúrgicas y generadores al borde del colapso.

Un desafío político

En este contexto, la flotilla no es solo un acto humanitario: es un desafío político. Una forma de gritar, con el cuerpo y el mar como testigos, que Gaza no está sola. Cada metro que avanza la flotilla es un golpe a la narrativa oficial israelí. Cada minuto que no se rinde es una refutación a la idea de que la resignación es inevitable.

La huella que quedará en la historia

La historia juzgará estos gestos como juzgó Normandía. No por su capacidad militar, sino por el coraje de enfrentarse a una estructura de poder que parecía indestructible. Y quizá, algún día, las playas de Gaza no estarán marcadas por cicatrices, sino por huellas de quienes llegaron para abrir las puertas del mar…

G.S.

Fuentes: ONU, informes sobre el bloqueo de Gaza (2010-2024)
Consejo de Derechos Humanos, resoluciones y debates plenarios
Testimonios de la Flotilla de la Libertad
Declaraciones públicas de Eduardo Galeano y Gustavo Petro

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