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Micay: El mito cae en el cañón, sin disparar

No hubo épica de película, hubo paciencia. La entrega de alias Kevin en el Cañón del Micay, conseguida por infiltración y cerco, reordenó el tablero del suroccidente y expuso el nervio central de las disidencias. Lo que siguió fue la respuesta del miedo: asonadas, drones artesanales, panfletos, y la retención de 33 militares en El Retorno, Guaviare. Mientras la derecha recicla su frase hecha sobre una fuerza pública maniatada, en el terreno cayó un mito. Se documenta en mapas y en partes operativos, en la fatiga de nombres que el Cauca repite año tras año. El resultado es simple y brutal, los corredores se encogieron y el negocio perdió comodidad.

Anatomía de una rendición

No fue magia. La operación se planeó con discreción, en capas. Primero el sigilo, el rumor de uniformes que no hacen ruido en el monte, la paciente infiltración en los subsistemas de logística y finanzas de la Carlos Patiño. Luego la presión territorial, el cierre de anillos sobre las veredas que abastecen a la columna, el corte de radios, la interdicción sobre despensas y pernos, el miedo circulando por los pasillos de una economía clandestina. Después llegaron los hallazgos, depósitos armados con decenas de miles de cartuchos, explosivos, partes de fusiles, aditamentos para drones. La estructura quedó desnuda, sin oxígeno. Cuando un mando se sienta sobre pólvora húmeda, la guerra se vuelve contabilidad, y en la contabilidad, perdió.

No comparto el misticismo de quienes convierten a los jefes criminales en dioses menores. Kevin no es un mito, era un nodo. Al caer un nodo, el grafo se recompone. La entrega sin disparos es más que un titular, es la señal de que la inteligencia rompió la membrana interna, que hubo traiciones puntuales, que la cadena de mando dejó grietas suficientes para que el miedo cambiara de dueño. El Micay tiene memoria, y su geografía castiga a quien pierde iniciativa.

El tablero del Micay, después del ruido

El Cañón del Micay siempre fue una llaga geométrica en el mapa, con sus ríos y lomas en zigzag y sus caminos de herradura que desembocan en negocios rápidos. La tomada de Honduras, en las laderas de El Tambo, marcó el antes y el después. Allí no había épica sino inventario, cajas con cartuchos, artefactos improvisados, plantillas para minas, cables, detonadores, folletos. El hallazgo es el reverso de una leyenda romántica sobre la resistencia. Una organización que almacena 250 mil cartuchos no es una guerrilla de fantasmas, es una empresa armada con proveedores, manuales y calendarios. Su talón de Aquiles no es la bala, es el Excel que sostiene los pertrechos. Cuando ese Excel se rompe, un jefe se entrega.

A veces en Colombia la noticia pasa y la herida queda igual. Esta vez no. La salida de alias Kevin desarticula subsistemas político, logístico y de control territorial en la Carlos Patiño, golpea el enlace vertical con Mordisco y reduce la capacidad de expansión en las zonas bajas del Cauca y del Valle. El bloque occidental pierde cohesión y el entorno lo sabe. Nadie compra pólvora con confianza cuando el proveedor llama desde un despacho judicial.

Línea de tiempo

  • 26 de agosto de 2025: Se entrega Anderson Andrey Vargas, alias Kevin, cabecilla del frente Carlos Patiño, tras cerco de inteligencia en el Cañón del Micay.
  • 20–21 de agosto de 2025: Perseo II halla el mayor arsenal del bloque occidental en Honduras, El Tambo: >250 000 cartuchos, partes de fusil, IED y equipos para drones.
  • 28–29 de agosto de 2025: Liberan a los 33 militares retenidos en El Retorno, Guaviare, tras mediación de la Defensoría, la ONU y la OEA.

La respuesta del miedo, asonadas y retenciones

Cuando se estrecha el margen, llegan las asonadas. Se repite con demasiada frecuencia. Primero un panfleto, luego un altavoz comunitario al servicio del miedo, después el cerco a un pelotón. En El Retorno, Guaviare, 33 militares fueron retenidos por civiles bajo presión de una disidencia que intentaba frenar el avance. La palabra secuestro compite con la palabra retención. En el lenguaje también se libran guerras, y yo prefiero atenerme a los hechos. Hubo comunidad movilizada, hubo cadena de mando clandestina empujando desde atrás, hubo liberación tras mediación institucional. En el intermedio, la extrema derecha hizo lo que sabe, explotar el sobresalto, descontextualizar la causa, decretar la derrota moral del Estado para capitalizarla en las urnas. La realidad es menos espectacular, más incómoda. Si retienen uniformados con altavoces es porque el cerco está funcionando y hay que ganar tiempo.

No invento héroes. Solo registro una secuencia. Entrega de un cabecilla, hallazgo de arsenales, presión sobre corredores, reacción con asonadas, liberación con mediación. El guion es el mismo que tantas veces se nos negó en titulares. Esta vez quedó a la vista. En El Retorno se habló de ‘retención’ desde autoridades locales y de ‘secuestro’ según el Gobierno; el dato duro es la liberación de 33 militares tras mediación institucional.

Arquitectura de operaciones, de Perseo a Némesis

Los nombres oficiales condensan geografías. Perseo cerró el cerco en el Micay y convirtió en paisaje la vieja promesa de recuperar el cañón. Arcángel operó con mezcla de presión territorial e inteligencia encubierta, buscando romper el enlace vertical de mando. Cordillera empujó sobre la sierra caucana que sostiene los corredores hacia el Pacífico. Escudo del Norte contuvo las expansiones hacia los municipios donde la Carlos Patiño buscaba oxígeno. Coraza trabajó el sur del Valle, uniendo anillos urbanos con anillos rurales. Némesis puso el énfasis en el litoral, en ríos y bocanas, en esa franja donde la blancura de la mercancía se vuelve espuma y desaparece. Ninguna de estas piezas funciona sola. Perseo II cerró Micay; Arcángel combinó presión territorial e inteligencia encubierta; Cordillera empujó sobre la sierra caucana; Escudo del Norte contuvo expansiones; Coraza selló anillos en el sur del Valle; Némesis (despliegue 2025) bloqueó bocanas y corredores fluviales del Pacífico. La rendición de un mando es la resultante de un vector de operaciones, no un milagro aislado.

En el lenguaje de los estados mayores, esto se llama sinergia. En el lenguaje de la calle, se llama esquina ocupada. Si el Pacífico deja de ser una autopista gratuita, la ruta se vuelve carretera y peaje. Cuando ya no hay lanchas, aparecen carrotanques y dobletroques. Cuando la marea se vuelve hostil, la mercancía toma avenidas y túneles. Ese desplazamiento tiene costos y expone más. Lo saben los que pagan.

Cifras que importan

  • Micay, Honduras (El Tambo): >250 000 cartuchos, partes de fusil, IED y kits para drones, propaganda.
  • Guaviare: 33 militares liberados tras 3 días de retención.
  • Cali: Operación Sultana activada el 22 de agosto de 2025.

Economía de guerra, rutas en mutación

No hay guerra sin contabilidad. Tras el cerco en el suroccidente, el negocio se movió hacia rutas terrestres con destino norte o hacia los puertos del Caribe. Lo prueban incautaciones recientes que parecen hojas sueltas y son capítulos de lo mismo. En Huila, más de ocho toneladas de marihuana viajaban en un dobletroque. El cargamento venía del Cauca, seguía la vieja lógica de abastecimiento y buscaba rutas hacia el Cono Sur. Que se pierdan ocho toneladas es una señal de que los camioneros ya no pasan invisibles.

En Cartagena, una tonelada de cocaína apareció camuflada en maquinaria, con destino al mercado mexicano. Casi en paralelo, otros setecientos cuarenta y tres kilos iban ocultos en carbón rumbo a Valencia, España. Ese carbón es el diagrama de una época. Cuando el Pacífico se cierra, los empresarios criminales miran a los puertos caribeños. Allí no hay épica tampoco, hay contenedores, firmas, revisiones, agencias y agentes. El crimen se vuelve logística. La logística deja rastros.

No romantizo la eficacia. Sé que por cada incautación hay varias cargas que llegan. Pero también sé leer tendencias. Cuando la ruta deja de ser mar abierto y se convierte en carretera, el riesgo contamina la cadena de valor. Se pagan más sobornos, se pierden más bultos, se multiplican los intermediaros, se improvisa. El negocio deja de ser un reloj suizo para convertirse en una feria. Las ferias se incendian con facilidad.

La ciudad como extensión del frente

No hay línea limpia entre monte y cemento. Cali recibió comandos urbanos antiterror tras el atentado del 21 de agosto. La ciudad es un territorio de disputa simbólica y de abastecimiento. Las células no aparecen por generación espontánea, se alimentan de la caja menor del negocio y de la sensación de impunidad. El despliegue urbano tiene mala prensa entre los que se alimentan del caos. A mí me interesa su dimensión práctica. Si los anillos rurales aprietan y las rutas se encarecen, los atentados urbanos intentan compensar en el relato lo que se pierde en la contabilidad. Cada bomba es un comunicado. La respuesta exige fiscalías despiertas y jueces eficaces.

El frente invisible, cárceles y extorsión

La mitad de la extorsión del país se cocina en cárceles. No es metáfora, es contabilidad pura. Un call center clandestino en una prisión con decenas de teléfonos y modems, con listas, scripts, objetivos, horarios. Es el reverso perfecto de la épica del monte. Se llama rentabilizar el encierro. Si el Estado no neutraliza ese frente, la economía criminal sigue respirando aunque los jefes se entreguen. Hablo aquí de la banalidad del mal aplicada a una mesa con cinco celulares, una libreta, un banco y un cómplice afuera que cobra en efectivo. No hay romanticismo posible en esa escena. Hay un problema operativo que exige soluciones operativas, inhibidores que funcionen, inspecciones reales, sanciones que duelan y un rediseño del sistema penitenciario que no se limite a cambiar uniformes.

La derecha y el rédito del sobresalto

La oposición necesita un país incendiado para vender extintores. No lo digo con ironía, lo digo con estadística electoral. Cada atentado, cada retención, cada video opaco desde una vereda, se convierte en munición para un relato de Estado fallido. Ese relato pierde aire cuando aparece una entrega sin disparos y un arsenal que se desarma con inventario y cadena de custodia. Por eso se impone el ruido, por eso se recicla la idea de una fuerza pública atada. No me interesa caricaturizar a nadie. Importa proteger a la ciudadanía de la manipulación. Cuando hay infiltración efectiva y cerco sostenido, los jefes criminales se entregan o caen. Cuando los jefes criminales se entregan o caen, el negocio se encarece. Cuando el negocio se encarece, los atentados buscan reponer el miedo. La aritmética es de primaria, pero exige paciencia adulta.

El día en que un jefe se entrega sin disparar, el país no se salva. Apenas consigue tiempo. En ese margen, los corredores cambian, los violentos experimentan, las mafias reciclan su piel. Aquí lo importante es sostener el cerco, reforzar el frente silencioso de la inteligencia, evitar que las cárceles sigan siendo oficinas, impedir que los puertos se vuelvan coladores, blindar los juzgados donde se ratifican extinciones de dominio y condenas. Hay que llevar el inventario a la sala de audiencias y a la educación pública, hay que recordar que no estamos condenados a esta contabilidad de pólvora y carbón.

«Nombrar mal las cosas añade a la desgracia del mundo».
Albert Camus

Se escribe desde la distancia y con rigor documental. El heroísmo importa poco, importa la verdad. No se debe renunciar a la claridad por miedo a etiquetas. Cansa la repetición de los sofismas que venden orden mientras negocian con el caos. Si algo dejó la caída de Kevin es una certeza provisional, cuando la inteligencia trabaja, cae el mito. Y cuando cae el mito, el país respira un poco, apenas lo justo para seguir.

G.S.

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