Caquetá bajo presión: Cae Pantera y se abre la caja negra de Mordisco
La duda es uno de los nombres de la inteligencia
– Jorge Luis Borges –
Un hombre cae y el engranaje muestra sus dientes. La captura de Luis Alfonso Delgado Guevara, alias Pantera, en zona rural de San Vicente del Caguán, interceptado camino a una báscula ganadera, no es un simple parte. Es la grieta por donde se ve la arquitectura del dinero que sostiene la violencia en Caquetá. Segundo de finanzas de la estructura Rodrigo Cadete, brazo del Bloque Jorge Suárez Briceño bajo el Estado Mayor Central, Pantera articulaba extorsión, minería ilegal, narcotráfico y control social. El Estado canta victoria. La población espera resultados que le devuelvan el aire.
QUIÉN ES PANTERA Y POR QUÉ IMPORTA
No era un pistolero más. Era el segundo de la comisión de finanzas del Bloque Jorge Suárez Briceño, articulado a la estructura Rodrigo Cadete que responde al Estado Mayor Central. Un ejecutor frío del orden económico de la guerra. En el mapa de la región, Pantera no se movía entre sombras heroicas sino entre pesajes de ganado, listas de cobro y rutas discretas. Así funcionan las guerras contemporáneas. Sin épica, con planillas mentales y fusil en la puerta.
Pantera coordinaba extorsiones a ganaderos, comerciantes y transportadores. Administraba recursos de narcotráfico. Gestionaba compras y distribución de armas. Ordenaba hostigamientos contra la fuerza pública y la población en Cartagena del Chairá y La Montañita. La descripción es brutal y al mismo tiempo burocrática. Jerga de oficina aplicada a la intimidación y a la muerte.
Imputaciones reportadas. Secuestro extorsivo, concierto para delinquir, homicidio de líder social, uso indebido de uniformes y tráfico de armas. Captura ejecutada por la Décima Segunda Brigada del Ejército con apoyo del CTI.
EL GOLPE DE AGOSTO Y LA SECUENCIA QUE CERCA A MORDISCO
El calendario impone su lógica. Veintidós de agosto. Capturan a Luis Hernando Vera Fernández, Mono Luis, hermano de Mordisco. Veinticuatro de agosto. Muere alias Dumar en El Retorno, Guaviare. Veintisiete de agosto. Se entrega alias Kevin en El Bordo, Cauca. Veintinueve de agosto. Cae Pantera en San Vicente del Caguán, Caquetá. La ofensiva tiene nombre y método. Operación Themis con foco en nodos financieros. El cerco no es un invento policial. Es la forma eficiente de quebrar una organización que se alimenta de economías criminales.
El presidente Gustavo Petro ha descrito a Mordisco como un traqueto vestido de revolucionario. La frase sintetiza la naturaleza del enemigo. Menos ideología, más negocio. La evidencia indica que el mando invierte su inteligencia en mantener flujos de caja y corredores de coca, no en libros ni en discursos.
LA CADENA DEL DINERO EN LA GUERRA LOCAL
Cada peso ilegal cobrado es un mandato de obediencia. El impuesto a la vida diaria funciona como un metronomo. Los ganaderos calculan pérdidas, los tenderos anotan en cuadernos, los transportadores ajustan tarifas. La violencia no necesita tiros todos los días. Le basta con que el rumor de los tiros exista. La economía de la amenaza es más rentable que la ejecución constante de la amenaza. Los extorsionistas lo saben. Las víctimas también.
En Caquetá, la extracción de rentas se mezcla con dos vectores que deshacen cualquier ilusión de normalidad. Minería ilegal y narcotráfico. La minería aporta efectivo rápido y control del territorio. El narcotráfico compra lealtades, armas y silencio. Pantera administraba estos hilos con precisión de contable. Por eso su captura importa. No por su nombre sino por lo que su firma autorizaba.
EL TEATRO DE OPERACIONES EN CAQUETÁ
San Vicente del Caguán no es un símbolo vacío. Es la puerta que comunica historia y presente. Aquí las comunidades conocen de memoria el precio de cada error estatal y cada avance armado. La captura de Pantera fue ejecutada por la Décima Segunda Brigada del Ejército y el CTI de la Fiscalía. Seguimiento de varios días. Interceptación limpia. Ninguna épica en el relato. Un hombre que se mueve hacia un negocio de pesaje de ganado. Un equipo que cierra la trampa. Un Estado que intenta recomponer autoridad en silencio.
El Bloque Jorge Suárez Briceño mantiene presencia en corredores rurales donde la visibilidad mediática es mínima. Allí se decide la vida. Allí se definen los precios del miedo. El Estado llega con operativos que producen titulares y cifras. La población queda en medio, con sus noches marcadas por la incertidumbre. Entre el parte militar y la realidad cotidiana hay una distancia que solo se acorta con presencia sostenida y justicia efectiva.
EXTORSIÓN, MINERÍA ILEGAL Y CONTROL SOCIAL
Los panfletos no son papel. Son órdenes de pago. En municipios como El Paujil y La Montañita, los citatorios llegan con tono administrativo. Se paga tal día. Se deposita en tal punto. Se atiene a las consecuencias. La extorsión funciona como impuesto criminal a la vida diaria y se refuerza con control de movilidad, reuniones y propaganda armada que coloniza paredes y conversaciones.
La minería ilegal aporta efectivo rápido y control territorial. Conecta a pequeños operadores con redes mayores que lavan ganancias y compran influencia. El mando financiero define quién extrae, cuánto y bajo qué protección. Ese mando era Pantera. Su caída no desactiva la red. La obliga a reacomodarse.
LO QUE CAMBIA CON LA CAÍDA DE PANTERA
Se abre un vacío operativo de corto plazo. Las extorsiones pueden disminuir unas semanas por simple desorganización. Luego alguien toma el cuaderno. Es el ciclo habitual. El impacto real depende de dos variables. La calidad de los reemplazos y la capacidad estatal para ocupar el espacio dejado. Si el Estado no logra judicializar con rigor, proteger testigos y cortar las líneas de abastecimiento, el mercado del miedo se reestructura con naturalidad cínica.
En paralelo se incrementa el riesgo de represalias localizadas. Un hostigamiento oportunista contra un puesto policial. Un ataque selectivo a un comerciante que se negó a pagar. El objetivo es pedagógico. Recordarle a la población que la obediencia no es negociable. Es la lógica del terror como comunicación.
LA GUERRA DE NARRATIVAS Y LAS CIFRAS
Los comunicados oficiales celebran logros. Las disidencias responden con su propio teatro de anuncios y desmentidos. En el ruido se pierden detalles que importan. La cronología de agosto muestra un patrón. El foco ya no está en golpes espectaculares contra campamentos. El foco se mueve a la quema lenta del sistema financiero del grupo. Capturas selectivas. Neutralizaciones que suenan más a auditoría que a combate.
Las cifras de la Operación Themis, impulsada por el Ministerio de Defensa, apuntan a la persecución de cabecillas y engranajes financieros. No se trata de una doctrina nueva. Es una corrección disciplinada. El Estado intenta medir resultados no solo en armas incautadas sino en arquitectura desmantelada. Falta comprobar si la estadística se traduce en alivio medible para la población. Ese es el único indicador que cuenta.
LO QUE VIENE EN TRIBUNALES
La captura abre un camino que muchas veces se diluye en formalidades. Legalización de captura, imputación, medida de aseguramiento. Delitos imputados que hablan de control violento. Secuestro extorsivo, concierto para delinquir, homicidio de líder social, uso indebido de uniformes, tráfico de armas. La lista suena a inventario de un caos administrado. El proceso judicial deberá probar cada cargo más allá de toda duda razonable. Esa es la diferencia entre venganza y justicia.
La región necesita que el expediente no se derrumbe por una cadena de custodia débil. Necesita que los fiscales lleguen con investigación sólida, que los jueces decidan con independencia y que la defensa cumpla su papel sin connivencias. La guerra colombiana ha convertido estas obviedades en rarezas. La captura de Pantera será útil si se transforma en sentencia legítima y en protección real para quienes denunciaron.
LA POBLACIÓN EN MEDIO DEL EXPERIMENTO
Cualquier discurso estratégico se estrella contra una evidencia. Quien sostiene la vida cotidiana paga la cuenta. Los comercios que cerraron temprano para evitar el cobro nocturno. Las rutas que se desviaron para esquivar retenes. Las familias que viven con la inquietud de haber sido vistas hablando con un uniformado. Cada victoria estatal debe medirse con esos parámetros. No hay triunfo si la gente no respira.
La salida no será un acto único y requiere presencia civil no decorativa. Escuelas funcionando sin miedo. Centros de salud con personal suficiente y pagos al día. Justicia cercana que no hable en jerga. Programas de sustitución que tengan dinero de verdad y reglas claras. Nada de eso es épico. Todo eso es imprescindible.
MÉTODO Y VERIFICACIÓN
Esta investigación se apoya en fuentes abiertas, partes oficiales y prensa nacional. Hechos verificados. Captura de Pantera en San Vicente del Caguán. Muerte de alias Dumar en El Retorno, Guaviare. Entrega de alias Kevin en El Bordo, Cauca. La cronología fue levantada siguiendo reportes públicos y contrastando hechos que ocurren con exceso de ruido y déficit de verificación. No hay concesiones a la espectacularidad. Solo fechas, cargos, ubicaciones y funciones dentro de una estructura que hace de la contabilidad su lenguaje.
Escribo con la frialdad que exige un tema donde cada adjetivo puede ser un error con consecuencias. La responsabilidad penal deberá ser probada en juicio. Las comunidades merecen que esta vez el Estado no convierta la noticia en autoelogio y la olvide mañana.
EXIGENCIA CIUDADANA
La población de Caquetá no necesita discursos. Necesita garantías. Basta de panfletos que ordenan tributos criminales. Basta de retenes donde la vida se reduce a una cédula y a un monto. Si la Operación Themis apuesta por golpear la estructura financiera, que el golpe se note en la caja registradora de los negocios honestos. Que las noches se vuelvan un poco menos densas. Que el miedo pierda valor de cambio.
Los indicadores que valen son simples y medibles. Seguimiento mensual. Menos denuncias de extorsión mes a mes en comercio formal. Menos hostigamientos en Cartagena del Chairá y La Montañita. Más audiencias con medida de aseguramiento efectiva.
La salida no será un acto único y requiere presencia civil no decorativa. Escuelas funcionando sin miedo. Centros de salud con personal suficiente y pagos al día. Justicia cercana que no hable en jerga. Programas de sustitución con dinero real y reglas claras.
Hace falta un protocolo visible para comerciantes y transportadores con línea directa permanente, tiempos de respuesta medibles, sistemas de alerta temprana, rutas de reubicación y protección de testigos. Nada de eso es épico. Todo eso es imprescindible.
La historia no dice adiós. Dice hasta luego. Si el Estado no ocupa el espacio con instituciones que funcionen, la violencia volverá con otro nombre y la misma contabilidad. Esa es la advertencia y el compromiso. No pido milagros. Pido método, presencia y justicia que no muerda solo a los descalzos…
G.S.